Mientras nada pasa todo pasa
El trabajo pictórico lo abordo como una gran serie en donde cada obra es parte de otra, funcionando en conjunto como un relato mayor. El cuadro en si es tomado como una habitación en cuyo interior se desarrollan distintas escenas. Ahí se articulan y cruzan las nociones de teatro, pintura y literatura, en una puesta en escena del cotidiano evidenciando objetos y espacios que están contenidos ahí para denostar una historia mayor que va de lo particular a lo universal y de la anécdota a lo trascendental, como un gran vaciado de la realidad.
El cotidiano como determinante de un hecho mayor se congela y es esa imagen la que capto, esa pequeña porción de tiempo y espacio que hacen de punto de no retorno en una historia mayor. En el fondo es hacer pintura de historias, o mejor dicho de historias de historias. Es contar la pintura de una manera nostálgica ocultando el impacto traumático de la mirada que cae sobre lo que nos rodea, lo que en el fondo lo hace más dramático. Hacer de esto algo simple es característico de una mirada inocente-ingenua (niño) que sirve de sedante para una realidad más compleja que puesta en escena en la tela no se reconoce como tal.
El montaje y en cierto modo la cita entran como un modo de producir, a partir de fragmentos de lo real, un efecto teatral que contribuye con una carga dramática y escenográfica en donde la escala de lo contenido no reviste más lógica que la importancia de acentuar lo que se requiere.
Alberto Marín